Holly Peers es de esas chicas que, cuando uno se las queda mirando, siente como una especie de cosquilleo, de latido interior más intenso. Un latido que no solo es de la presión sanguínea del corazón, sino de más abajo. Una suerte de tensión sexual inevitable, incluso molesta, por saber que te hallas ante una mujer tan inalcanzable –y a la vez tan accesible gracias a galerías de fotos como ésta- que traspasa el grado de “chica que enseña las tetas” al de “amor platónico”. Holly Peers es demasiado perfecta, aunque tras el maquillaje se adivina una chica normal, de grandes tetas, sí, pero normal. Eso hace que todavía se añada una pizca más de atracción hacia ella. Esa atracción que duele e intranquiliza, y que solo hay una manera satisfactoria de sosegar…
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